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Delirios VI

Fumar, tus labios, tus caderas y tu mirada, tienen una cosa en común, se volvieron un vicio en mí; Tengo que fumar, besarte, abrazarte y verte.

 

Complice

Biblioteca de la escuela, cinco de la tarde, esta casi sola, sólo el chico que entrega los libros y quien los recoge. Hace calor, el aire no funciona.

 

-Hola Marce!

-Hola?

-Me preguntaba si querías ser mi novia.
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Borges.

En alguna ocasión escuche que pronunciaran mal su nombre, me imagino que estaba acostumbrado; algo común, algo cotidiano, ¿pero un presidente? Que poca madre.

He leído mucha de su obra, he leído de su buen sentido del humor, he leído tanto de Borges que casi siento conocerlo.

Siempre he tenido cuidado con los enemigos, para no parecerme a ellos; alguna vez nos dio esa recomendación. Me gustaría poder preguntarle lo siguiente: ¿Qué pasa cuándo nuestro enemigo es el mismo que vemos en el espejo?

Pareciera ser que a lo largo de la vida, uno busca la felicidad. Leer nos da mucho más que eso. Nos complace, nos eleva y nos transporta. ¿Alguna vez leí que nunca leyó aquel libro donde hablaban de usted? Parece ser que no le interesaba o, le interesaba tanto que lo dejo así. Leer más →

Densidad

Entramos, el ambiente era denso, y no lo digo por la considerable cantidad de humo que recorría el lugarcomo intentando buscar una salida, si no por las miradas reprimidas de aquellos individuos dirigidas a tu escote, después, a la abertura de tu falda, que sólo dejaba a la imaginación una sola cosa.

Tú lidiaste con ello, estabas acostumbrada, toda una mujer, de carácter y de gran oficio.

Apenas nos sentamos y sentí tu mano sobre mi muslo, me puse nervioso, al parecer, tus dedos estaban inquietos.

Hablamos del clima desastroso de la ciudad y de la ironía de aquel lugar.

No sé en que instante, pasamos de estar tomando un café en una mesa, a un tomar un vodka en un sillón.

Me mostrabas la esencia de tu ser, la fuente de creación, me invitabas a explorar.

Tus manos eran suaves, delicadas, tocaban para hacer sentir, para expresar lo que tu boca era incapaz de expresar, esa necesidad tan carnal.

Exploré dentro de ti, probé de aquel manantial, en cada sorbo estremecías.

La sabana estaba mojada, tu recostada a mi lado.

Sonreíste y mordiste tu labio, ahora, buscábamos placer.