Archivos de etiquetas: Historias

Complice

Biblioteca de la escuela, cinco de la tarde, esta casi sola, sólo el chico que entrega los libros y quien los recoge. Hace calor, el aire no funciona.

 

-Hola Marce!

-Hola?

-Me preguntaba si querías ser mi novia.
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Resentimiento

Te recuerdo, te pienso y te extraño.

Fue un despedida corta, apenas un beso en la frente y un par de promesas. No te he olvidado, ni tampoco he olvidado aquella platica antes de que salieras por esa puerta y jamás entrarías de nuevo.

Te llore, te odie, te aborrecí. Me dejaste sólo y no te importo. Pero te he perdonado, siempre te he querido; te quise demasiado. Leer más →

Cuenta Conmigo.

Si quisieras quererme, dejaría de fumar y me haría monógamo.

Vamos a escaparnos, huye, vamos a donde quieras, escapate de ti

Anda, vamos y quedate a dormir conmigo.

Cuenta Conmigo.

Besos.

Con la prisa de un par de bocas por unirse y consumirse con un beso. La prisa desaparece dos besos después, ya lo dijo un tal Sabina.

Tranquilo y con suficiente desden, puedo ponerme digno y decir: Toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos de un rato… me llamas.

Y así es como me di cuenta que el tiempo cura las heridas y lo malo de los besos es que crean adicción, sólo basta uno. Leer más →

Puede ser que un día vuelva.

Hace tiempo que no me siento a platicar contigo. No he podido decirte que eres lo mejor de mi camino, que recuerdo aquella primera vez que tomaste mi mano y me invitaste a caminar, a seguir por el mundo, me enseñaste que no todo siempre es tan fatal.

Quiero que te quedes conmigo, un tiempo más, un tiempo indefinido; quiero que me enseñes a recordar, a vivir, a reír e incluso a llorar cuando las cosas no van bien. Hace tiempo que no me siento a platicar contigo.

¿Recuerdas aquella vez en el parque? Sí, la vez que parados ahí, en medio de todos, en medio del camino nos besamos y en silencio nos decíamos: “quédate conmigo”. Leer más →

Así la conocí.

La conocí en un bar, se llamaba Sofía. Estaba ahí sola, bebiendo, ignorando a los aduladores, despreciando a los Don Juanes. Llevaba una blusa roja, una falda negra, unos tacones que bien podrían alcanzar el cielo.

Tenía la tez clara, el cabello castaño, largo y muy liso. Tenía unas manos delicadas y largas, sus dedos hacían ver elegante aquella copa que sostenía. Daba pequeños sorbos, pausados pero con buen ritmo. Cada que sus labios tocaban el contorno de aquella copa, mi mente hacía una fotografía y la guardaba en el lugar más seguro que posee.

Hubo un momento en el cual, una multitud de ojos se postraban en ella, iba camino al tocador. Mi mirada, al igual que la de muchos, la acompaño hasta la puerta. Caminaba con elegancia, parecía muy natural, no forzaba el contoneo de sus caderas, sus piernas firmes parecían un castigo para el suelo que tocaba.

Un hombre intento interceptarla en su camino de regreso, ella sonrió un poco y lo hizo a un lado con la mayor sutileza que pudo, casi lo derrumba. El tipo humillado, le grito un impropio, el cual a ella ni le inmutó, pero a él, las risas de los presentes, parecían carcomerle el orgullo. Leer más →