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Delirios VI

Fumar, tus labios, tus caderas y tu mirada, tienen una cosa en común, se volvieron un vicio en mí; Tengo que fumar, besarte, abrazarte y verte.

 

Complice

Biblioteca de la escuela, cinco de la tarde, esta casi sola, sólo el chico que entrega los libros y quien los recoge. Hace calor, el aire no funciona.

 

-Hola Marce!

-Hola?

-Me preguntaba si querías ser mi novia.
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Resentimiento

Te recuerdo, te pienso y te extraño.

Fue un despedida corta, apenas un beso en la frente y un par de promesas. No te he olvidado, ni tampoco he olvidado aquella platica antes de que salieras por esa puerta y jamás entrarías de nuevo.

Te llore, te odie, te aborrecí. Me dejaste sólo y no te importo. Pero te he perdonado, siempre te he querido; te quise demasiado. Leer más →

Cuenta Conmigo.

Si quisieras quererme, dejaría de fumar y me haría monógamo.

Vamos a escaparnos, huye, vamos a donde quieras, escapate de ti

Anda, vamos y quedate a dormir conmigo.

Cuenta Conmigo.

Delirios V

He vuelto a fumar y pensar en silencio. He vuelto a la comida rápida y deje de cocinar.

Por estos días hay algo que me ronda, algo que me lleva y me hace perder el control… me esta gustando.

Inhalo y dejo la nicotina haga su labor, exhalo y justo después, mi mente se pone en blanco y suspiro… como diciendo aquí estoy.

Besos.

Con la prisa de un par de bocas por unirse y consumirse con un beso. La prisa desaparece dos besos después, ya lo dijo un tal Sabina.

Tranquilo y con suficiente desden, puedo ponerme digno y decir: Toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos de un rato… me llamas.

Y así es como me di cuenta que el tiempo cura las heridas y lo malo de los besos es que crean adicción, sólo basta uno. Leer más →

Densidad

Entramos, el ambiente era denso, y no lo digo por la considerable cantidad de humo que recorría el lugarcomo intentando buscar una salida, si no por las miradas reprimidas de aquellos individuos dirigidas a tu escote, después, a la abertura de tu falda, que sólo dejaba a la imaginación una sola cosa.

Tú lidiaste con ello, estabas acostumbrada, toda una mujer, de carácter y de gran oficio.

Apenas nos sentamos y sentí tu mano sobre mi muslo, me puse nervioso, al parecer, tus dedos estaban inquietos.

Hablamos del clima desastroso de la ciudad y de la ironía de aquel lugar.

No sé en que instante, pasamos de estar tomando un café en una mesa, a un tomar un vodka en un sillón.

Me mostrabas la esencia de tu ser, la fuente de creación, me invitabas a explorar.

Tus manos eran suaves, delicadas, tocaban para hacer sentir, para expresar lo que tu boca era incapaz de expresar, esa necesidad tan carnal.

Exploré dentro de ti, probé de aquel manantial, en cada sorbo estremecías.

La sabana estaba mojada, tu recostada a mi lado.

Sonreíste y mordiste tu labio, ahora, buscábamos placer.