Primera

La primera vez que hicimos el amor, nuestros cuerpos marcaban el camino, las caricias, los besos. Nos indicábamos las fronteras de nuestra pasión, nuestro deseo, la entrega sin ataduras, sin compromiso y pactos forzados. Era una noche tranquila, perfecta para amarnos, eso fue lo que hicimos, amarnos hasta el cansancio, hasta dormir abrazados.

Por la mañana, cuando el sol ya se deslizaba entre las cortinas, desperté para contemplarte. Te confieso que me he reído un poco, pues ese sonido que lejos de ser un ronquido, parece una silbatina a los perros del vecino, me mantuvo divertido. No me burlaba, no lo tomes así, me asombraba la forma en que te estoy y estaba conociendo. Algo que sin duda, para ti era molesto, a mí, en aquel momento, me parecía tan bello.

Al momento en que abriste tus ojos, tus labios empezaban a esbozar una sonrisa y yo, asombrado por tu belleza, solo pude decir –Buenos días mi vida-. Repentinamente saliste disparada de la cama, tal pareciera que algo te había picado o peor aun, no te acordabas de quien estaba a tu lado. –Disculpa, deja cepillo mi boca y me arreglo un poco, me he de ver horrible- para cuando terminabas de decir aquella frase, mi cara de pánico ya había abandonado mi rostro, para dar pasó a una risa frenética. No paraba de reír, mientras tu desde la puerta que daba al baño, estabas tan roja, que parecía estabas hirviendo de coraje, pero al parecer, era de vergüenza.

-Te confieso que me he asustado un poco, parece que te levantabas de la cama para ir a buscar un arma y atacarme, para la próxima tendré más cuidado al escoger mis palabras, tal parecer que un “Buenos días mi vida”, despierta tu instinto de supervivencia- mientras lo decía, la risa me interrumpía en cada palabra.

-Eres un tonto. Si me ha dado miedo- al ver mi cara, rápidamente hacías señas con tus manos, como queriendo decir no o bien, negar lo que acababas de decir, -No miedo porque estés aquí mi vida, no. Promete que no te vas a reír si te digo la verdad-

-Lo prometo- te dije, mientras a esas palabras las acompañaba un acto solemne, levante mi brazo derecho con la mano abierta, mientras que mi mano izquierda fue a mi pecho, mientras mi voz era clara y seria.

-Creo lo estas haciendo mal, la derecha va sobre el corazón y la izquierda al aire- Me dijiste mientras reías. –De sobra sabes que te quiero, lo que paso anoche, me tiene extasiada, no sé en que momento me quede dormida, pero mi mente siguió en donde estábamos, en esta cama, soñé contigo toda la noche, sentía como me abrazabas, me sentía protegida, querida, amada- decías cuando interrumpí.

-¿No me digas que eso te da pena decírmelo? Esta bien, puedo vivir sin que me digas cuanto me quieres, basta con que lo demuestres- dije en un tono serio.

-No seas tonto, no es eso, te estoy diciendo como me siento y sales con otra cosa que no tiene nada que ver con esto, no te anticipes a mis palabras, no pienses de más y sobre todo, no pienses mal- se sentó a la orilla de la cama, con cara muy seria y pensativa me dijo –Nunca había despertado al lado de un hombre- sus mejillas empezaban a ponerse más rojas.

No supe que decir, que hacer o como actuar, me sentía vulnerable y a ella la sentía tan frágil que en mi intento por escoger las palabras adecuadas, no pude unir más de dos letras, baje mi rostro y quite la sábana y busque mi ropa interior, antes de intentar ponerme aquel bóxer, sentí su mirada penetrando mi espalda. –Te amo, prometo no volver a asustarte- fue lo único que dije momentos antes de abrazarte.

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