Aparece.

Y de pronto se aparece…

Tiene la sencillez de una doncella.

La elegancia de una prostituta.

Maneja un vocablo intelectual.

Habla con la elocuencia de criminal.

Se desnuda lento, como retando al tiempo.

Se mantiene lejos, retando lo largo de mis brazos.

Me incita, me excita.

Me da un beso.

Hunde sus entrañas en mi piel desnuda.

Navego por el canal de la maternidad, de pronto, se aparece, con un gemido, con una sensación, con un sonido… y ahí estas tú, conmigo.

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